"La tecnología no me interesa; tampoco los efectos especiales."
Después de una prolongada ausencia detrás de las cámaras -Antonio la atribuye a un funcionamiento deficiente del sistema de ayudas a la producción en nuestro país- su última película, "Naranjo en flor", le ha devuelto el entusiasmo por dos viejas pasiones: el cine y la música. González- Vigil ha contado con Eduardo Blanco para protagonizar esta cinta, una historia de amor teñida de 'noir' en la que el actor interpreta a un policía encargado de investigar la desaparición de un compañero. La acción transcurre en Buenos Aires, una ciudad con la que Antonio guarda un vínculo afectivo muy especial. Temas de Roberto Goyeneche, Chavela Vargas, Joaquín Sabina y María Jiménez ayudan a construir el hilo argumental de "Naranjo en flor", en cines a partir del próximo viernes, 17 de abril. 1- ¿Cuáles fueron los títulos que marcaron tu infancia?
Detestaba el cine infantil, de dibujos, y recuerdo a los hermanos Marx como lo más divertido de aquella época, pero no un título en concreto. Creo que en general lo que más me llamaba la atención era el cine cómico: las películas de Buster Keaton, conocido entonces como <
2- ¿Un director de cine al que admires?
No soy nada original, pero es a John Ford a quien admiro fundamentalmente.
3- ¿Una película que querrías haber firmado?
Me hubiera gustado mucho llevar al cine “El túnel”, la novela de Ernesto Sábato. Es un proyecto que siempre me ha rondado la cabeza.
4- ¿Un plano que siempre recuerdes?
La imagen de los espejos en “La dama de Shanghai”, dirigida por Orson Welles, también algunos planos de “La caza”, de Saura. Con esta película me di cuenta de que el lenguaje cinematográfico servía para acentuar el discurso, que una historia podía ser muy distinta contada de una manera o de otra. Esta obra fue para mí el primer impulso para aficionarme al cine.
La historia no es sólo lo que te cuentan sino y, sobre todo, cómo te lo cuentan. La película te explica la Guerra Civil española en una cacería de señoritos.
5- ¿...y una línea de diálogo?
Me vienen a la cabeza líneas de diálogo del disparate de los hermanos Marx en boca de Groucho, y también del cine de Woody Allen. También pienso en algunas frases de las películas de John Ford, por todo lo contrario.
6- ¿...y un personaje secundario?
El conductor de “La diligencia”.
7- Recomiéndanos alguna película que hayas visto recientemente.
“La clase” me gustó mucho. Y diré otra película, aunque no sea de estreno, que es “Desmontando a Harry”; la he visto muchas veces y cada vez que la veo me gusta más. Creo que es la mejor película de Woody Allen con diferencia.
8- ¿Rodarías alguna vez una serie de tv?
Bueno, yo rodé una serie de televisión (“Delirios de amor”), más como productor que como realizador porque cada serie estaba dirigida por una persona distinta. No sé hacer una serie de éxito.
Hice una serie de autoría para televisión española. Consistía en que 13 directores no habituales en la industria cinematográfica pudieran rodar una historia de amor. Iván Zulueta, Adolfo Arrieta, Imanol Arias, Luis Eduardo Aute, entre otros, dirigieron un episodio. Había gente que venía de disciplinas artísticas diferentes, como la pintura.
Luis Antonio de Villena hacía una alusión ahora a esta serie de hace más de veinte años, diciendo que se echaba de menos una producción para televisión hecha a partir de unos parámetros tan distintos. Nosotros buscábamos ofrecer un producto de calidad; era la primera vez que trabajaba en el cine sin riesgos, con un presupuesto enteramente asumido por TVE. El resto de veces que me he metido en una producción, me he jugado la vida.
9- ¿Puedes hablarnos un poco de la novela en la que está inspirada "Naranjo en flor"?
Leí una vez en la prensa el título de la novela (su autor es Manolo Merinero) y me gustó la sinopsis. En ella la protagonista era montadora, mata a un tipo y trata de ayudar a la mujer del tipo en cuestión. Las primeras 60 páginas de la novela contenían el planteamiento de mi película, yo quería centrarme en cómo este hecho cambia la vida de esta mujer. Así fue como compré los derechos de la obra y construí el guión de la película a partir de esta primera anécdota.
10- ¿Hay alguna novela que querrías adaptar en el futuro?
Sí, como he mencionado antes, siempre pienso que me gustaría mucho llevar al cine “El túnel”, de Sábato. Ahora estoy trabajando en un guión imposible, una adaptación de la vida de Hernán Cortés, desde que sale de España hasta que acaba en México. Esa parte de la vida de Cortés me interesa mucho; cuando los barcos parten a conquistar México acaba la película, para que te sitúes un poco. La historia está centrada en Cortés y en cómo consigue convencer a los demás para que le acompañen y le financien esta empresa. Es un proyecto que me encantaría filmar…
11- ¿35mm o rodaje digital?
35mm para verlo. El soporte, la tecnología me da igual. Si tú tienes un buen equipo digital y un buen fotógrafo puedes hacer una buena película. El 35mm como soporte siempre tiene un valor relacionado a la nostalgia.
12- ¿Cuál es la escena de "Naranjo en flor" que más te ha costado filmar?
Sin duda todas y cada una de las escenas de sexo. María Marull (protagonista de “Naranjo en flor”) no tenía mucha experiencia, esta es su primera película. Ella viene más del mundo del teatro, había hecho también televisión, pero poca. Fue bastante difícil…
13- ¿Un consejo para alguien que quiere dirigir o que está a punto de hacerlo?
Sí, tengo un buen consejo además: que si hay alguna secuencia que no le gusta, que la quite, que sólo filme lo que le apasione. Es necesario imprimir el criterio propio, guiarte un poco por la pasión, el corazón, y no tanto por la razón. Si la escena de alguna manera viene impuesta y no llega a apasionarte a ti, ¿cómo será capaz de apasionar a nadie?
14- ¿Crees que hay alguna solución para que el cine independiente sea visto por más gente?
El cine independiente que no necesita cubrir gastos se puede ver en muchos sitios. El problema viene con las películas que consideramos cine independiente y que cuestan dos millones de euros, que evidentemente se tienen que amortizar.
También ocurre hoy con los cortos, que cada vez tienen una mayor difusión en diferentes circuitos.
15- ¿La revolución digital nos permitirá ver más y mejores películas o simplemente nos dejará aturdidos?
Yo llevo un lápiz en mi bolsillo, no tengo ordenador, la tecnología no me interesa; tampoco los efectos especiales… Es cierto que todo está cambiando mucho, pero éste es un problema que yo no tengo.
16- ¿Qué opinión te merecen las escuelas de cine?
Es un lugar donde te enseñan lo básico, la técnica, el porqué de las cosas. Sólo cuando has aprendido eso estás capacitado para cambiarlo todo y hacer lo que quieras. Si no se parte de ahí, todo lo que se haga será como tirar piedras al vacío. Primero hay que conocer, es esencial saber cuáles son las reglas para podértelas saltar.
17- ¿Cómo surge la idea para el proyecto “Naranjo en flor”, dónde empieza todo?
Hace veintitantos años hice una película y me di cuenta de que el mundo de la producción cinematográfica se basaba en cimientos irreales. Comprobé entonces que el dinero público se repartía a dedo, tanto es así que cuando la película se pudo estrenar, a modo de denuncia y antes de los títulos de crédito, introduje un cartel que decía “esta película ha sido realizada a pesar del Ministerio de Cultura”. La película obtuvo la quinta mejor recaudación de ese año, pero yo no entendía el sistema y opté por dejar el mundo del cine.
En el año 2000 pensé que la cosa había cambiado y decidí aventurarme nuevamente en este sector, para comprobar al cabo de poco que no había cambiado nada, y que la cosa estaba aún peor. El dinero público se seguía repartiendo a dedo.
Entonces quise centrar mis esfuerzos en un proyecto sencillo, escribí el guión de “Naranjo en flor” y recorrí todas las ventanillas donde se podía solicitar dinero público. En todas obtuve un no por respuesta.
Me fui a Argentina y así fue como pude sacar el proyecto adelante.
18- ¿Cuál es tu relación con Argentina, sus habitantes, su idiosincrasia, su música…? “Naranjo en flor” parece escrita y dirigida por un argentino, y tú naciste en Vitoria.
Bueno, durante el franquismo todos los libros que llegaban del exterior venían de Argentina y estaban publicados por editoriales argentinas. Me atraía mucho también la música. Pero todo esto es normal, porque hablamos el mismo idioma. Luego hubo muchos exiliados por la dictadura militar que vinieron a España. Las mujeres tenían otra forma de ver la vida…
Lo cierto es que siempre esperé a tener un motivo para conocer Buenos Aires. En esa época trabajaba en la industria discográfica y por fin me llegó una oportunidad: iba a acompañar a José Manuel Soto en una gira por Argentina. Cuando terminó la gira y estábamos a punto de coger nuestro avión de regreso, yo le dije que me quedaba. Así fue como él volvió y yo me quedé, era la época de finales de Alfonsín, principios de Menem. Me fascinaban la ciudad, las mujeres… El caos de la vida diaria, la actividad en las mesas de cambio, crisis era eso, no esto que tenemos ahora. Me quedé allí como espectador de esa realidad. Desde entonces he vuelto con bastante frecuencia y mi vínculo con Argentina ha sido muy directo, mis mejores amigos han sido argentinos, mis mejores amantes han sido argentinas…
Buenos Aires me cautivó. Más de una noche que volvía a casa cargado de copas me confundía pensando si estaba en Madrid o en Buenos Aires; las dos son ciudades con mucha personalidad, pero en Buenos Aires todo es mucho más a lo grande.
19- “Naranjo en flor” tiene mucho de cine negro, aunque no deja de tener como epicentro una historia de amor…
Sí, en realidad lo que más me interesaba eran los personajes y que estos lograran hacer que la película fuera entretenida. La atmósfera en la que se enmarca la historia se inspira en el cine negro, es una atmósfera detectivesca, pero no ocurre lo mismo con la trama. La protagonista es objeto de una investigación, sí, pero nada más. Yo diría más bien que es una historia de amor envuelta en una atmósfera de cine negro.
20- ¿Puedes hablarnos del uso de la música en esta obra?
La música siempre ha sido muy importante en mi vida. He trabajado en discográficas y he colaborado en varios proyectos, por ejemplo, con Luis Eduardo Aute (con él hice también mi primera película, “Delirios de amor”). Busqué un hilo argumental para introducir la música en la historia, como el hecho de que al inspector -encarnado por Eduardo Blanco en la ficción- le llamaran Sabinita (esto, obviamente, no estaba en la novela original, no tenía nada que ver).
Las canciones que he utilizado potencian el desarrollo de la historia, tanto Melingo, como la anarquía de Chavela Vargas o el tango de Goyeneche… Al final, cuando los personajes se van y deciden emprender su propio viaje, el tango se convierte en bulerías, irrumpe la alegría.
El hilo argumental de la película está basado en la música.