"La suerte de Emma", notas del director Sven Taddicken

Creo firmemente en la coexistencia de tragedia y comedia, la honestidad y la fantasía y también entre la mordacidad y la poesía. Una novela tan sólo puede desplegar su fuerza si los personajes son honestos.

Cuando leí LA SUERTE DE EMMA por primera vez se acentuó en mí esta creencia. Me sorprendió y me conmovió que una historia sobre la muerte pudiese estar escrita de forma tan intensa. Y ese fue el enfoque que le di a LA SUERTE DE EMMA. Una película sobre la muerte que habla sobre el amor a la vida.

Max Bienen lo ha comprendido: el diagnóstico sugiere que sólo le quedan unos meses de vida. ¿Ha vivido su vida de la “manera” correcta? ¿Qué puede hacer para morir siendo un “hombre” feliz? Esas preguntas sólo pueden significar desesperación.

Entonces aparece un descarado ángel de la guarda en forma de Emma, la chica de la granja de cerdos. Emma es el tipo de persona que te da una respuesta incluso antes de que le hagas la pregunta. Tiene los pies en la tierra, de hecho están completamente sumergidos en el fango. Acostumbrada a su manera de sacrificar a los cerdos, la muerte es algo bastante normal para ella – es una parte de su día a día.

Max no tiene ni idea de que va a pasar los días más felices de su vida con esta mujer que, en otra circunstancia ni siquiera se hubiese fijado en ella. Pero Emma también se mueve por un deseo, aunque nunca lo admite ni siquiera en sus momentos de mayor debilidad. Max y Emma tienen algo en común: los dos están solos. Y ya que ninguno de los dos tiene nada que perder, ¡pueden arriesgarlo todo! ¡Es la oportunidad ente un millón que casi todo el mundo desea!

Una buena película no te pasa simplemente de refilón sin dejar huella. Puede ser absurdamente divertida, otras veces puede resultar mordaz, o incluso puede llegar a hacerte llorar. Al final, cuando sales del cine y te alejas de la película, te das cuenta de que tienes nuevas ideas y más coraje.

Aunque sólo sea intentando hacer una nueva receta o reparando tu vieja y abandonada moto...

Las películas nos remueven por dentro – por eso las necesitamos.

Sven Taddicken/ Berlin, mayo 2006

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