La película perdida de John Updike

Fuente: New York Post

Doble ganador del premio Pulitzer, una de las grandes figuras literarias del siglo XX, junto con Philip Roth eterno candidato a conseguir el Premio Nobel por parte de las letras norteamericanas, John Updike fallecía ayer a los 76 años en su casa de Massachussetts víctima de un cáncer de pulmón. Ensayista, articulista, crítico y por encima de cualquier otra cosa, novelista, Updike no tuvo fortuna en sus relaciones con el cine. Su adaptación más popular fue la que llevó a cabo George Miller con " Las brujas de Eastwick" , Updike la rechazaba, del mismo modo que hizo con el episodio piloto para una serie de televisión que nunca llegó a rodarse. Updike publicó el pasado año una cáustica y muy desencantada continuación de sus brujas , era "Las viudas de Eastwick" (inédito en España). En cualquier caso su divorcio con el cine se había producido mucho antes, en 1970, cuando Jack Smight adaptó su novela más famosa, " Corre, conejo" . Protagonizada por un James Caan en estado de gracia y firmada por el director de "Harper" " Corre, conejo " se planteó como una de las películas importantes del año. No lo fue. De hecho, hasta ahora la película ha permanecido oculta. Su productora, Warner Bros., canceló el estreno cinematográfico. Sólo se vio en televisión, algo inédito en la época. Imposible de localizarla ni en DVD ni en VHS, ahora se ha sabido que Amazon la ofrece para su descarga en Internet (eso sí, sólo para quienes viven en Estados Unidos y Canadá). En cualquier caso sería deseable que, tras el fallecimiento de Updike , alguna distribuidora se atreviese a dar a conocer al público interesado una obra maldita que es, no lo olvidemos, la adaptación de una obra muy mayor de la literatura de nuestro tiempo. Parece ya muy antigua la leyenda del hombre que sale un día de casa a buscar tabaco y decide no volver. Pues bien, se remonta tan sólo a 1960, año en que, gracias a John Updike , el mundo conoció al inefable Harry «Conejo» Angstrom , cuyas peripecias empiezan a contarse aquí en el momento en que, sin razón aparente, abandona mujer e hijo, su modesta condición de vendedor de MagiPeels y el recuerdo de cuando fue un as del baloncesto. A partir de entonces, Conejo Angstrom seguirá su camino sin rumbo, a la vez esquivando y buscando quién sabe qué. Ni siquiera el lector más sabio podría decirlo, porque ¿quién alguna vez, obedeciendo a un «impulso inexplicable», no ha salido (o deseado salir) huyendo como un vulgar conejo antes que enfrentarse al mundo, o a sí mismo ? De ahí que este supuesto «hombre libre», como cualquiera de nosotros tal vez, caiga constante y torpemente atrapado en la enmarañada existencia con la que debe cargar inexorablemente todo ser humano.

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