La paradoja de "Green Zone"
Este viernes llega a los cines de medio mundo la nueva película del tándem que consagró el mito de Bourne: Paul Greengrass y Matt Damon. El primero, director, un hombre de quien disponemos en filmin de su premiadísimo debut, "Bloody Sunday". El segundo, la estrella, el actor que quiere repetir el éxito de la saga que lo ha hecho millonario aunque en esta ocasión el personaje no es un espía desmemoriado sino un soldado del ejército norteamericano. "Green zone", libremente inspirada en el libro "Vida imperial en la ciudad verde" de Rajiv Chandrasekaran (RBA Libros), es un film sobre la guerra de Irak que lleva más de un año tratando de huir de la alargada sombra de "En tierra hostil".
"Green zone" era una de las grandes apuestas de los críticos norteamericanos para los Oscar de este año, sí, los que se entregaron hace dos días entre lágrimas y bostezos.
¿Qué pasó? Sencillo, su productora (Universal Studios) decidió retrasar el estreno del film hasta el primer trimestre de 2010. La película estaba terminada, la estrella principal y su director estaban dispuestos a hacer campaña por el film pero los encargados del estudio de Hollywood decidieron que "Green zone" no tenía ninguna posibilidad de vencer a "En tierra hostil" en los Oscar. Tenían razón.
¿El problema? "Green zone" se estrena el fin de semana después de los Oscar. Es decir, en pleno momentum de la película de Kathryn Bigelow. Todo aquel que no haya visto "En tierra hostil" y, a juzgar por sus números en taquilla, hay un buen número de personas, posiblemente decidan ir a verla estos días y ninguno de ellos opte por hacer doblete de película bélica sobre Irak, así pues, aunque ha luchado por evitarlo, "Green zone" ha quedado atrapada por la sombra de "En tierra hostil". Si será víctima o verdugo se sabrá el próximo lunes.
Argumento de la novela "Vida imperial en la ciudad verde"
Basándose en cientos de entrevistas y documentos internos, Chandrasekaran cuenta la historia de los habitantes de la Zona Verde de Bagdad durante la ocupación: del virrey L. Paul Bremer III a la flota de veinteañeros contratada para demostrar que los americanos pueden construir una democracia jeffersoniana en un país de Oriente Medio asediado por la guerra. En el vacío de la planificación de la posguerra, Bremen pasa por alto aquello que los iraquíes quieran o necesitan y, en su lugar, persigue objetivos neoconservadores irrelevantes y el final del racionamiento de alimentos. Sus subordinados pasan sus días creando medidas políticas como castillos en el aire entre ellas una nueva ley de tráfico y una ley protectora de los diseños de microchips, en lugar de reconstruir edificios saqueados y restablecer la producción de la electricidad. Sus iniciativas casi cómicas encolerizan a los residentes y contribuyen a cebar la insurrección. Éste es un retrato fastuoso de un lugar con cierto aire a Mundo de Oz, donde se perpetró el disparate de la política estadounidense.
