Gijón 2010: Crónica 5 "Tilva Ros"
Venía apadrinada bajo la esencia de “Paranoid Park” y tras su pase, no podemos más que confirmar este hecho. “Tilva Ros” podría ser tranquilamente su 'esqueje' europeo… y es que, salvando las distancias, la ópera prima de Nikola Ležaic presenta sus mismas credenciales, sobre todo, en lo referente a esa esencia de deriva existencial adolescente que tanto marca la obra de Gus Van Sant. ¿La novedad? Alguna hay…
Además de estar contextualizada en un pueblo minero de Serbia, por cierto, el pueblo natal de su director, “Tilva Ros” destaca por su carácter pseudodocumental, siendo un film que podríamos incluir en esa terna de títulos (cada vez más amplia) que rompen barreras entre la ficción y el documental. En el caso de “Tilva Ros,” cabe destacar que todos sus actores son no profesionales, es más, se interpretan a sí mismos, ya que realmente son esa banda de skaters que, enfocados al Youtube, se graban haciendo salvajadas masoquistas al estilo Jackass.
Estamos en Bor, un pueblo minero del este de Serbia. Acaba de terminar el curso, que es el último del instituto para los amigos Toda y Stefan, que se dedican a matar el tiempo patinando o grabando videos de payasadas masoquistas para colgar en internet. Dunja, una amiga que vive en Francia, está de vuelta también, y se une a su pandilla en su búsqueda de lugares donde patinar y de cosas que hacer en un lugar sin mayores alicientes sobre el que se cierne, además, el cierre de una mina de cobre que da trabajo a miles de personas.
¿El problema? La película funciona perfectamente como retrato de una juventud efervescente, sin rumbo, marcada por la crisis laboral y económica que azota a toda Europa pero que hace especial hincapié en los países del Este. Sustentada en determinadas escenas realmente ingeniosas y estimulantes y una banda sonora hecha al dedillo que dotan de una gran frescura y honestidad a la propuesta, la ópera prima de Lezaic muestra con momentos de gran sutilidad y capacidad nostálgica una deriva juvenil real como la vida misma. Sin embargo, adolece de una trama que sustente los 100 minutos que dura. Debido a su loable intención de salirse de la norma en lo que a estructura de guión se refiere (demasiado caótica y a momentos redundante), "Tilva Ros" flaquea tanto en el discurrir de su argumento como en su resolución, provocando que, en mi caso, la sensación que me queda una vez finalizada la película sea agridulce. Con 70 minutos, seguro, presentaría mucho más empaque. Sin embargo, apunten el nombre de su director, por que seguro, dará que hablar. Sino, tiempo al tiempo.