Gijón 2010: Crónica 13 "Restrepo"
Si el año pasado fue "En tierra hostil," este tranquilamente podría ser "Restrepo." Hablamos en clave Oscar. Incluído entre los quince elgidos a ser nominado como Mejor documental, el film de Tim Hetherington y Sebastian Junger es una de las obras que más suenan para alzarse con el máximo galardón. Suerte de cruce entre la fenomenal película de Kathryn Bigelow y la magistral "Generation Kill" de David Simon, "Restrepo" nos documenta el día a día del segundo pelotón de la Brigada Aerotransportada número 173 del ejército estadounidense en su misión de defender un punto estratégico situado en el conflictivo valle de Korengal...
Durante más de un año, los soldados de dicha división tuvieron que enfrentarse a todo tipo de situaciones comprometidas, entre ellas un considerable número de enfrentamientos armados con grupos resistentes que operaban en la zona.
Por un lado, "Restrepo" se asemeja a "En tierra hostil" en su carácter introspectivo. Su misión no es la de realizar un estamento antibélico ni tampoco promoverlo. A Hetherington y Junger lo que verdadermente les interesa es el retrato psicológico de los soldados. Como les afecta la lucha diaria, el exponer sus vidas a un riesgo mortal contínuo o sufrir la muerte de compañeros. Es por ello que no se incluyen testimonios de diplomáticos ni generales, únicamente son sus voces las que escuchamos. Es allí donde nos quieren llevar y no a la Casa Blanca ni a Bush ni tampoco a Osama Bin Laden.
Por otro lado, "Restrepo" remite a la magistral miniserie de David Simon por su formato de reportaje, de como documenta la camaradería entre los soldados. Sus sensaciones, sus conversaciones, es aquí donde yace la fuerza de un film que se erige en un notable retrato de unos 'chavales' que quieren jugar a ser soldados y se ven envueltos en un infierno el cual podrían haberse ahorrado si no se hubieran alistado. Es esta la razón por la cual no logre empatizar del todo con la descorazonadora situación que viven unos personajes que al fin y al cabo, son ellos quienes han escogido tomar el arma en mano y 'servir' (así lo llaman) a su país. Este es el único 'pero' de un magnífico ejemplo de lo que se debe exigir a un reportaje de estas características: honestidad en el planteamiento, profundidad psicológica, imparcialidad y cercanía.