Gijón 2010: Crónica 11 "Aurora"
Era, con el permiso de Kelly Reichardt y su western neorrealista, la joya más reluciente que el 48 FICXixón presentaba este año. Una nueva joya dirigida y protagonizada por Cristi Puiu, responsable de "La muerte del Sr. Lazarescu," dicho en otras palabras, una de las indispensables obras maestras de la última década. Hoy era el turno de "Aurora," una "Aurora" que, por otra parte, tenía el listón demasiado alto. Tras más de tres horas de proyección confirmo que no llega al nivel de Lazarescu pero también añado que por más que fuera acogida con cierta indiferencia en el pasado Festival de Cannes, estamos ante otra obra mayúscula.
Una película que nos sumerge al límite en los efectos de la frustración familiar y cuyas tres horas (que por cierto, parece una y media) nos sirven de lección para comprender que en una sociedad tan hastiada, golpeada y decompuesta como la contemporánea, no somos nada sin el amor del prógimo. Lo hace fiel a su estilo, a su sello, y fiel a las señas que caracterizan la nueva ola rumana. Un encomiable uso del plano secuencia, de la cámara fija y un particular sentido del humor marcan una mirada cruda, fría, que incluso puede llegar a resultar violenta, pero que ante todo es honesta. Resumiendo, no es una obra maestra pero es otra grandísima película de un indiscutible referente del cine de autor europeo contemporáneo.
Y es que, si "La muerte del Sr. Lazarescu" es la primera, "Aurora" es la segunda de las seis historias que Cristi Puiu ha enmarcado en su particular homenaje dedicado al difunto maestro, Eric Rohmer. “Seis historias sobre los suburbios de Bucarest” que tratan “seis historias de amor” (en honor a los “Seis cuentos morales” de Eric Rohmer). Si "La muerte del Sr. Lazarescu" versaba sobre el amor al prójimo, o mejor dicho, su ausencia en la sociedad contemporánea, su segunda película lo hace sobre el amor conyugal y su ausencia en el hogar:

Viorel, un hombre de 42 años que tiene dos hijas pequeñas y que acaba de dejar su trabajo como ingeniero metalúrgico, comienza inmerso en una inquietud inexplicable y se deja llevar por los acontecimientos sin intentar buscar una explicación. Finalmente, nuestro protagonista acabará cruzando la ciudad de Bucarest a merced del destino para poder así poner fin a una inestabilidad que gobierna su existencia desde hace ya tiempo y que ahora se acentúa de manera aun más dolorosa con el divorcio y el proceso de repartición de bienes que se le vienen encima.
Es "Aurora," la segunda película de un realizador que, con un proyecto, o lo que es lo mismo, seis películas, lleva camino de culminar una de las obras más personales del cine de autor contemporáneo. Obra la suya, ante la que seguro, esté donde esté, Eric Rohmer se sentirá honorado. Y sobre todo una obra, la rumana contemporánea, que con maestrías como "4 meses, 3 semanas, 2 días", "La muerte del Sr. Lazarescu" o "Police, Adjective", encumbran merecidamente su cinematografía junto a la filipina y portuguesa, como las más personales e interesantes del momento.