"El regreso", notas del director Andrey Zvyagntsev

Nací en Novosibirsk, donde estudié el bachillerato aunque no lo acabé ya que, en 1980, ingresé en la Escuela de Teatro cuando me faltaba un año para terminar mis estudios secundarios. Había querido hacerlo el año anterior, pero me fue imposible porque era demasiado joven para hacer realidad mi sueño.

Siempre supe que quería estar en el teatro, y estar en el teatro, para mí, significaba ser actor y nada más. Era mi vocación. Desde que era pequeño, todos me decían siempre que era un payaso. Para mí fue todo un descubrimiento enterarme, cuando estudiaba bachillerato, que había una Escuela de Teatro en esta ciudad de Siberia en la que vivía y que, además, había que estudiar para ser actor. Decidí ingresar en la Escuela y, al principio, seguí estudiando el último curso de bachillerato en clases nocturnas. Al cabo de un año, Lev Belov, el director de la escuela, empezó a darme algunos papeles. Cuando terminé mis estudios de teatro, ya tenía 4 ó 5 papeles seguros en diferentes obras. Tenía éxito, en un mes llegué a interpretar 26 obras de teatro. Sin embargo, y a pesar de los elogios de la crítica en la prensa local, no tenía muy claro qué futuro podía tener en Siberia. En 1983 fui a Moscú y vi una obra en el Teatro Maiakovski basada en Dostoievski. Me quedé asombrado. Entendí que no sabía nada y decidí seguir estudiando en el Guitis, el Instituto de Arte Dramático de Moscú. Pero también sabía que Lev Belov, el hombre que me había enseñado a leer a los grandes de la literatura y que me había transmitido todo su saber, no me dejaría marchar así como así. Se me ocurrió hacer la mili. Tuve mucha suerte: después de unas semanas en el campamento, me destinaron a Novosibirsk donde acabé en la orquesta del regimiento como presentador y animador del conjunto musical. Aprendí mucho y descubrí el jazz. Me pasaba horas escuchando a George Benson, Al Di Meola y Keith Jarrett.


¿Entonces se fue a Moscú?

Sí, en cuanto acabé la mili. En 1986 ingresé en el famoso instituto moscovita de Eugueni Lazarev. Mi profesor era Levertov, uno de los mejores del mundo según la prensa especializada americana. Él quería crear una compañía de teatro. No pudo ser por diversas razones, pero su enseñanza dirigida hacia una meta muy concreta me fue muy útil. Aun así, fui a ver a otros profesores como el gran actor Alexander Kaliaguine. Me gradué en el Guitis en 1990, pero no quise pertenecer a ninguna compañía estatal de teatro. Mark Zajarov, el famoso director del Teatro Lenkom de Moscú me pidió que trabajara con él, pero no quise. Lo hice por dos razones: en Novosibirsk había podido ver cómo funcionaba una compañía vinculada a un solo teatro y no me interesaba ese tipo de vida ni de trabajo, y también porque era muy ambicioso. Con un amigo decidimos lanzarnos al teatro experimental, o más bien a las experiencias teatrales. Montamos a Dostoievski, Hamlet, Esperando a Godot de Beckett sin tener un teatro. Carecíamos de patrocinador y nunca conseguimos representarlas.


Pero, ¿de qué vivía?

Había encontrado un trabajo de portero en un edificio enfrente del Guitis. Por lo tanto, tenía un apartamento en un fantástico inmueble construido en 1825 con techos altos y grandes ventanales. El apartamento se había convertido en un lugar de reunión para los alumnos de teatro. Estuve allí durante cuatro años, hasta 1993. En esa época, tenía un amigo que había estudiado fotografía en el VGIK (Instituto de Cinematografía de Moscú) y que trabajaba en publicidad y videoclips. Él sabía que se me daba bien la puesta en escena y me había ofrecido trabajar en varios proyectos, pero siempre los rechazaba. Sin embargo, cuando perdí mi trabajo de portero, a veces tuve que pedir en la calle para poder comer. No cabe duda de que el año 1993 fue el más duro en Rusia después de la perestroika. Por fin conseguí un anuncio de una tienda de muebles. Escribí el guión, llamé a mi amigo el cámara, me convertí en director e hicimos el anuncio. Después de este primer anuncio llegaron otros, pero, en realidad, rodé muy pocos. Eso sí, el dinero que cobraba, aunque no fuera mucho, me permitía vivir durante unos meses. Era la primera vez que tocaba una cámara. Al mismo tiempo, y desde el año 1988, tuve la posibilidad de ver en el VGIK todos los clásicos. Pero el que más me impactó fue La aventura de Antonioni. Me acuerdo perfectamente de lo que sentí. Sandro, el protagonista, avanza hacia Monica Vitti y le contesta: “No, no te quiero”. Da media vuelta y deja el marco de la puerta en medio del campo. Entonces deseé que volviera para que le dijera: “No, bromeaba”. Y así fue, volvió y lo dijo. También recuerdo que, en un momento de la película, deseé que ella sonriera y sonrió. El gran director ruso Rustam Jamdamov dijo un día que La aventura representaba el súmmum del séptimo arte y que éste, desde entonces, estaba en declive. También descubrí los años sesenta: desde El proceso de Welles hasta Rocco y sus hermanos de Visconti, tantas y tantas obras maestras. Y Rohmer, tan alejado de lo que hago, pero que me gusta mucho.


¿Dejó de trabajar en el teatro?

En absoluto. Trabajé en dos obras de compañías independientes, Rayuela de Cortázar, y Un mes en el campode Turguéniev. Las representamos en lugares imposibles. Son las únicas dos obras en las que he trabajado estos últimos diez años. Llevamos Un mes en el campoa Francia, al Teatro de Béthune, en el verano del 2001. Con los años, cambié. Dejé de ser un animador, un agitador para convertirme en un ser callado, parco en palabras


¿Cómo conoció a Dimitri Lesnevski, su productor, uno de los cofundadores de la cadena de televisión rusa Ren-TV?

Una de las personas más influyentes de la cadena, el documentalista Vitali Manski, que vivía encima de Vladimir Michukov, el sublime fotógrafo, me llamó un día en 1997 después de ver mis anuncios para encargarme que dirigiera una serie de anuncios para la cadena Ren-TV. Los hice y, en el 2000, ante el creciente éxito de las series rusas producidas por otras cadenas, Dimitri Lesnevski decidió producir una serie y me encargo la dirección de tres episodios de los doce de La cámara negra. Dimitri es alguien muy importante para mí. Es un hombre de decisiones rápidas a pesar de que, si tomamos en cuenta su posición, podría costarle caro si se equivocara. Ha sabido, además, conservar una espontaneidad magnífica. Después de estos tres episodios, y sabiendo que había reescrito el guión de uno de ellos, me pidió que dirigiera una película.


Y empezaron a buscar un guión...

Sí, en noviembre de 2000. Leímos muchos. Incluso escribí uno, pero lo rechazó. Y por fin, en enero de 2001, le llegó EL REGRESO que le conmovió mucho. Lo leí y también me conmovió, pero este primer guión estaba aún muy lejos del resultado final. Al principio, la película se basaba en los flash-backs de dos rusos cincuentones pescando en la orilla de un lago americano mientras recordaban su infancia. Los niños se llamaban Archil y David, pero yo estaba empeñado en que fueran Iván y Andrey. El guión estaba lleno de momentos con mucho impacto visual para captar la atención del espectador.


¿Cómo fue la preparación de la película?

Lesnevski me comunicó a principios del verano de 2001 que había reunido 200.000 dólares, lo que le parecía bastante para hacer la película que ya podíamos empezar a rodar. Contrató a un productor ejecutivo que no era nada profesional y, luego a otro, antes de encontrar a Elena Kovaliova que estudió el presupuesto y lo estimó en 450.000 dólares. El 1 de septiembre de 2001 nos fuimos a localizar al lago Ladoga y, al mismo tiempo, empezamos a buscar actores, sobre todo los dos niños, en San Petersburgo y en Moscú. Nos llevó hasta mayo de 2002.


¿Le llevó muchos meses encontrar a los niños?

Sí, vimos a cientos de niños. Acabé por escoger a tres, uno para el papel de Iván y dos para el de Andrey. Nunca dudé que Iván Dobronravov haría el papel de Iván; sabía que aguantaría el ritmo de la película hasta el final, pero no pasaba lo mismo con Vladimir Garin (Andrey). Me había dado cuenta de que el adolescente, al que había derribado un coche de pequeño, seguía traumatizado por este hecho. Su falta de atención era un gran riesgo para mí, pero decidí aceptarlo y ahora sé que no me equivoqué. A pesar de su distracción, Andrei tenía muy buen oído musical, era músico y había doblado al ruso a personajes de dibujos animados (entre otros, un personaje de 101 dálmatas), había trabajado en el teatro y quería ser barítono a pesar de ser casi autista. Decidí hacerle una prueba en la escena en la playa cuando el padre le golpea y comprendí entonces lo profundo que era.

Hablo de él en pasado porque un drama nos entristeció a todos. Empezamos a rodar el 25 de junio de 2002. Decidí enseñar la película por primera vez al equipo el 25 de junio de 2003. Mandamos correos electrónicos, llamamos a los técnicos y a los actores de San Petersburgo para que vinieran a Moscú. Pero él no vino. Nos enteramos tres días después de que no le había llegado el correo electrónico. Quiso probar el regalo que le habían hecho a un amigo suyo, un bote hinchable, en un lago cerca de su casa. Salió solo y se ahogó. Le encontraron unos días más tarde.


Por lo tanto, empezó a rodar en junio de 2002.

Sí. El rodaje duró cuarenta días. Fue un rodaje difícil tanto por razones técnicas como económicas (no podíamos salirnos del presupuesto). Hay muchos efectos especiales, lluvia, viento, el lago; todo eso encarece mucho un pequeño presupuesto como el nuestro. Incluso rodamos, algo muy poco habitual, en los platós del VGIK. Los platós clásicos eran demasiado caros. Acabamos de rodar el 2 de agosto. Rodamos lo que nos faltaba en septiembre. Las imágenes en el agua del principio fueron rodadas en noviembre en un pequeño lago cerca de Moscú, al lado del pueblecito donde nació nuestro gran poeta Esenin. Utilicé cerca de 23.000 metros de película y empecé a montar en noviembre. El montaje duró tres meses antes de empezar a sonorizar (menos del 10% es sonido directo). Acabamos las mezclas el 19 de mayo. La primera proyección fue el 25 de junio.


Muchos periodistas en Venecia han intentado, sin resultado, que les dijera su visión de la historia que narra la película. Sé que prefiere que el espectador se forme su propia opinión. Pero si pudiera resumir el tema en una palabra...

Diría que se trata de la encarnación metafísica del movimiento del alma de la Madre hacia el Padre.

Entrevista realizada por Joël Chapron

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