"Domicilio privado", notas del director Saverio Constanzo

Tengo por costumbre ver las noticias mientras ceno. Desde que tengo uso de razón, recuerdo ver imágenes del conflicto palestino-israelí. Después de verlas miles de veces, empezaron a parecerse. Me había acostumbrado. Incluso llegué a un punto en que perdieron su significado, pero seguían ahí.

Ésa es la razón primordial por la que decidí ir a “Tierra Santa”.

Y así fue como descubrí en Palestina una historia que merecía ser contada. Pero quería contarla desde otro punto de vista, no como acostumbran a hacer los documentales y las noticias.

Lo que más me interesaba era enseñar lo que ocurría dentro de las casas, en el seno de las familias, a la gente. Quería contar la parte privada del conflicto, mostrar la intimidad de una familia y la de unos soldados atrapados en una guerra absurda.

Me esforcé mucho en encontrar el reparto adecuado. Estuve cuatro meses en Israel haciendo pruebas a actores y actrices, tratando de convencer a palestinos e israelíes de que debían trabajar juntos.
Pero el esfuerzo no fue en balde y conseguimos un reparto de primera. Los cuatro protagonistas son verdaderas estrellas del cine israelí y palestino.

“Domicilio Privado” es una película basada en la observación. La cámara es un tercer ojo neutral que observa el conflicto. Un ojo que se mueve alrededor de los actores, desequilibrándoles y, a veces, sorprendiéndoles.
En cuanto al estilo, al ritmo y al montaje, es una película con una fuerte identidad occidental rodada cámara en mano, con cortes bruscos y una música totalmente contemporánea.

El mensaje que ofrece “Domicilio Privado” es que todos podemos encontrar la paz, pero para conseguirlo, debemos aprender a ver, a mirar al “vecino”, a penetrar en su intimidad y darnos cuenta de que también es un ser humano.
Mientras rodaba, me acordé de pronto de una frase de Lars von Trier: “Hay que esforzarse mucho para hacer un poco de bien, hay que esforzarse muy poco para hacer mucho mal”.

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