Crónica Berlinale: día 7
El fin está cerca y los Osos siguen sin tener claro favorito. Este ha sido, está siendo, un festival de nivel medio con mucho film de ejecución ejemplar centrado en personajes con los que sólo quien vive en estado de desesperación permanente puede llegar a empatizar: ladrones de bancos, mutilados de guerra, adolescentes convictos, asesinos de niños, asesinos de policías, asesinos de mujeres y unos cuantos maridos infieles y otras tantas mujeres infieles y finalmente un puñado de hijos sin padres que se preocupen de ellos. Y todos y cada uno de ellos viviendo en casas semiderruidas sus ruinosas vidas. Y así, mañana, tarde y noche. Triple sesión diaria de ficticia infelicidad. En Berlín sigue sin salir el Sol.
"WINTER´S BONE" d. Debra Granik
¿De qué va?
Tres hermanos: una adolescente que dejó atrás hace tiempo su inocencia y dos niños pequeños, chicos de postal que viven una vida infernal en una caótica casa en medio de ninguna parte, en el intestino de Ámerica. Su madre, inválida. Su padre, narcotraficante. O, mejor dicho, narcotraficante desaparecido. La hija mayor debe encontrarlo y obligarle a asistir a un juicio o, de lo contrario, el Estado se quedará la casa en la que viven, lo último que les queda, el peldaño que los separa del abismo.
Conclusiones:
Nada malo puede decirse de un film como este. Hay actuaciones ejemplares, destacando la magistral composición de John Hawkes ("Deadwood"); fotografía extraordinaria capaz de hacer atractivo uno de los paisajes boscosos más inhóspitos de Estados Unidos y una dirección medida, elegante, nunca obvia. Tema trágico, tratamiento glaciar. Todos los personajes están al límite pero en ningún momento Debra Granik manipula las emociones para provocar lágrimas entre el público. Honradez artística, problemática comercial. Película ganadora del Gran Premio del Festival de Sundance que difícilmente calará en audiencia alguna. Demasiada tristeza.
"WELCOME TO THE RILEY´S" d. Jake Scott
¿De qué va?
Primer plano: un coche en llamas. Dentro, la hija de un matrimonio que, tras su muerte, se rompe en mil pedazos.
La mujer, menopausia en el retrovisor, pastilla para dormir, pastilla para levantarse, mira álbums, llora con vídeos, tobogán autodestructivo impulsado por el agua de la memoria.
El marido negocia su desolación con una amante capaz de comprenderle. Y todo podría seguir igual hasta el fin de sus días pero la amante sufre un infarto, muere y el marido emprende una huída a ninguna parte. Ninguna parte es, aquí, Nueva Orleans. Allí convive con una prostituta adolescente, intenta reformarla aunque sabe que su labor nunca tendrá éxito. Hasta que llega la mujer, las pastillas quedaron atrás, la menopausia se ha asumido, está dispuesta a recuperar a su marido, a reeducar a la prostituta. El tobogán se acaba pero es posible que la piscina no esté vacía.
Conclusiones:
El cine independiente norteamericano ha asumido definitivamente sus sueñas de identidad: familias destrozadas, adolescentes extraviados y la peor cara de la América urbana: casas mal amuebladas, bares que uno nunca visitaría, comida grasienta, bebidas aguadas y drogas para olvidar semejante horror. Aquí el hijo de Ridley Scott rueda con solvencia una historia que nunca llega a impactar. Corrección, olvido. La película puede ser útil para que James Gandolfini siga demostrando que hay vida después de "Los Soprano" y Kristen Stewart que no acabará muerta con tanto "Crepúsculo". El resto, buenas intenciones pero escasa emoción. No es culpa de la película. Ella es una víctima más de ese cine independiente norteamericano que, tan empeñado en retratar a descarriados, va camino de descarrilar.
"MINI VAGANTI" d. Ferzan Ozpetek
¿De qué va?
Dos hermanos homosexuales van a confesárselo a sus padres en un pequeño pueblo italiano. Cruces en paredes y cuellos, mucha perla, algo de visón, familia ultraconservadoramente rica pues el negocio de la pasta es prácticamente suyo. Llega la cena de las confesiones, el primer hermano lo dice: "soy homosexual". La reacción: la madre bebe, la abuela calla y el padre, blanco, luego rojo, cuello hinchado, golpe en la mesa, "vete de mi casa", finalmente un infarto y al hospital. El segundo hermano no puede confesarse. Él, novelista que vive en Roma con su novio científico, deberá llevar el negocio familiar y olvidarse por unos meses de su anterior vida, pero ningún secreto dura para siempre. O sí.
Conclusiones:
Nueva película del director de "Hamam el baño turco" y "El hada ignorante". Humor fácil, a veces grotesco, casi siempre eficaz. Decorados lujosos, paisajes luminosos y chicos y chicas de incuestionable belleza. "Mine vaganti" es calor después de demasiada nieve. Tras siete días negociando sentimientos con familias disfuncionales que hablan checo, rumano o un inglés indescifrable y viven en casas semiderruidas sus ruinosas vidas, una película como esta sienta tan bien como una grapa tras cena excesiva. Ayer, en la primera proyección del film, el público respondió con risotadas todos y cada uno de los gags (no siempre elegantes) de la película. Ha sido un éxito en Berlín, está por ver si consigue serlo en el resto del mundo, lo tiene todo para serlo pero con un poco de contención por parte de Ozpetek (algunos momentos bordean lo grotesco) la película habría sido redonda.