"Buda explotó por vergüenza", notas de la directora Hana Makhmalbaf
Afganistán es un país extraño. En un periodo de 25 años, ha tenido varios gobernantes; los rusos comunistas, Al-Qaeda, el grupo islámico extremista talibán y los cristianos occidentales o laicos.
Cada gobernante ha contribuido a la destrucción de Afganistán con el objetivo de salvar al país de la hegemonía del contrario. Las destrucciones actuales sufridas en Afganistán no sólo se limitan a ciudades y hogares.
Ahora los niños de ésta región juegan a dispararse entre sí con armas de madera, juegan a lapidar a niñas y colocan minas en los pies del contrario.
Estos niños que han aprendido a jugar simulando las guerras entre adultos, ¿cómo actuarán con el prójimo y el futuro de la humanidad?
Intenté reflejar los efectos de años de violencia en a través de la imagen del Afganistán actual, para que los adultos puedan darse cuenta del modo en que su comportamiento afecta a las generaciones más jóvenes. Los niños son los adultos del mañana. Si se acostumbran a la violencia, el futuro del mundo correrá un gran peligro. Un chico adolescente dice en la película: “Cuando sea mayor, te mataré”, porque de niño ha vivido en un ambiente muy violento: la violencia ha pasado a formar parte de su vida diaria. Creo que la verdadera escuela de los niños es observar y copiar el comportamiento de sus padres y los demás adultos que los rodean. Por ejemplo, hace algunos años en Bamian se produjo una terrible masacre en la que muchos hombres y chicos jóvenes fueron decapitados justo delante de sus esposas y madres. Lo irónico es que incluso aquellos que llegan para rescatar a Afganistán primero lo destruyen y luego no tienen tiempo para reconstruirlo. Después llega el siguiente 'grupo de rescate' y se vuelve a repetir el mismo ciclo de destrucción y violencia, una y otra vez. Primero fueron los rusos, luego los Talibán, y ahora los americanos. Comunistas, musulmanes y ateos / cristianos, pero todos con una cosa en común: la violencia. Y esta violencia ha sido inyectada una y otra vez por parte de tres grupos diferentes en la cultura de la gente de este país, hasta tal punto que es posible verla en los juegos de sus hijos. A diferencia de sus homólogos en América, que aprenden la violencia de las películas de acción hollywoodienses, los niños en Afganistán la han aprendido al presenciar las atrocidades sufridas por sus familiares. Han sido testigos de cómo sus padres eran decapitados en sus propios jardines.
En parte durante la creación del guión y en parte durante el rodaje. En cuanto comenzó la filmación, vi y aprendí cosas nuevas sobre el tema que quería tratar. Presté especial atención a los niños que jugaban a nuestro alrededor y decidí incorporar algunos de sus juegos y parte de esta nueva información a mi historia. Por ejemplo, conocí a un hombre que fue comunista durante la invasión rusa, pasó a ser un Mullah durante el periodo talibán, y ahora trabajaba con los americanos. Durante dos décadas había mantenido un estrecho contacto con quienquiera que estuviera en el poder. En la película, su papel lo interpreta el chico que “mata” sin parar, cada vez bajo un nombre diferente y representando a grupos distintos. Otro ejemplo es el niño que sigue estudiando el alfabeto independientemente de lo que le ocurra. Incluso continúa estudiándolo estando bajo tortura, aunque parece que nunca va a conseguir aprenderlo. ¡Un esfuerzo interminable sin signo alguno de progreso! Sin embargo, sus sobrecogedoras experiencias ocultan un profundo significado. A diferencia del otro hombre, él nunca ha estado en el poder o cerca de aquellos que lo están; al contrario, ha sido objeto de abusos y sometido por dicho poder. Esto es lo que ocurre en muchos países de todo el mundo. Hay personas que son sometidas a abusos, torturas o masacres constantes, pero que no se rinden ni obtienen ningún éxito.
El chico aprende que a veces en la vida es necesario morir para poder seguir adelante. No es una experiencia habitual. Lo último que le dice a la niña es: “Muere y te dejarán en paz”. La niña acepta morir en su juego para escapar del círculo vicioso de violencia en el que están atrapados.