"Ararat", notas del director Atom Egoyan
Soy armenio y canadiense, director de películas y en cuanto tal siempre he tratado de abordar la historia absolutamente única del pueblo armenio. Era tentador adaptar uno de los numerosos libros publicados, pero me di cuenta de que era esencial anclar el proyecto en el presente, porque me permitía mostrar las repercusiones de un acontecimiento histórico como el del genocidio armenio sobre las generaciones de hoy. Para mí, se trataba de lograr que el espectador percibiera la realidad del horror, en un sentido espiritual, no solamente mostrar las consecuencias que representa una pérdida humana o material.
ARARAT plantea el papel que puede jugar el arte en nuestra lucha por encontrar la felicidad después del genocidio. Es una obra extremadamente personal. Yo ya había tratado algunos de estos temas en mis películas anteriores, pero ésta es la primera vez que he abordado directamente y a gran escala la idea de consciencia histórica. El genocidio no sólo ha truncado vidas humanas sino lo que hay de humanidad en nosotros. Lo más complicado era que la ficción tenía que llegar a casar las consecuencias históricas con los momentos de intimidad que comparten los protagonistas de la película. La Historia hay que contarla; la vida hay que vivirla.
La película dentro de la película intenta mostrar los acontecimientos históricos tratando de reconstruirlos, mientras que la historia ambientada en nuestros días y sus personajes reconstruyen su propia historia, y lo hacen según sus necesidades, sus recuerdos y su imaginación. Al presentar la Historia a través de las memorias en ruinas y los testimonios de los supervivientes (especialmente el libro de Clarence Ussher An American Physician in Turkey, publicado en 1917), ARARAT ofrece a todos estos personajes la oportunidad de reencontrarse entre ellos, de reencontrarse a sí mismos, porque todos ellos tienen una necesidad vital de escoger la verdad, y todos ellos esperan encontrar un sentido a su vida cuando lleguen a aceptar esa verdad.